El trasfondo histórico del Hospital de Damas ha sido extractado de las actas oficiales de las reuniones de su Junta Directiva. De todos los hospitales públicos y privados que actualmente prestan servicios en la ciudad de Ponce, el Hospital Damas es el más antiguo y es el segundo en antigüedad en todo Puerto Rico.

Hace más de un siglo, para ser exactos hace 140 años, un grupo de señoras de esta comunidad inspiradas en el sentimiento de la caridad, se reunió el 19 de abril de 1863 en la residencia de Don Carlos Cabrera, con el propósito de establecer un pequeño hospital sin fines de lucro, acordando solicitar del Vicario Foráneo y del Señor Corregidor (Alcalde) de Ponce que tomaran bajo su amparo y protección tan filantrópica idea y en su nombre solicitase a su vez la aprobación del Capitán General y Gobernador de Puerto Rico. Constituida dichas señoras en la Junta Directiva provisional, autorizaron además iniciar una suscripción voluntaria para recaudar los fondos necesarios para la construcción de un modesto edificio. Diez días después la comisión encargada de la recaudación había recolectado la suma de 6,490.00 pesos y a los veinte días esta había aumentado a 8,565.90 pesos.

Aprobado por el Capitán General y Gobernador de Puerto Rico el 9 de septiembre de 1863 el establecimiento de la asociación y su reglamento, el 27 de ese mismo mes y año se celebró en la residencia del señor Cura Vicario de Ponce, Don José Balbino David, la reunión en la que oficialmente quedó constituida la asociación de señoras denominadas “Damas del Santo Asilo de Ponce”, reincorporada más tarde bajo el nombre de “Asociación de Señoras Damas del Santo Asilo de Ponce”. De ahí, el nombre de nuestro “Hospital Damas” que perpetúa el recurso de sus fundadoras. Electa en dicha reunión por votación secreta la primera Junta Directiva permanente, recayó la elección sobre las mismas señoras y señores que componían la Junta Provisional, cuyos nombres dejamos consignados para la posteridad, en humilde pero merecido reconocimiento, siendo ellos, Presidenta, Doña Enriqueta Hinch de Prats; Vicepresidenta, Doña Matilde M. de Lacot; Tesorera, Doña Isabel Tirado Vda. de Cabrera; Secretaria, Doña Elisa Gil Taboada de Villalón, Vocales: Doña Francisca Paz de Cabrera, Doña Constanza Capó de Parra, Doña Matilde Prats de Zavala, Doña Luisa Gárate de Becerra, Doña Margarita A. de Rosich, Doña Cándida Paz de Cornet; Procurador, Don Rafael de León y García y Vocales Auxiliares Don Gabriel G. de Zavala, Don Carlos Cabrera y Don Leonidas Villalón.

El 11 de noviembre de 1863 la Reina de España, S.M. Isabel II, confirió su aprobación al establecimiento de la Asociación y también su reglamento. El 22 de enero de 1864 se otorgó ante el notario Don Francisco Parra Duperón la escritura de adquisición de solar situado en la esquina sureste de las Calles Marina y Jobos por el que solamente se pagó la suma 1,225.00 pesos, ya que varios de los condueños del solar, entre ellos el propio Notario autorizante, que originalmente había sido comprado con la idea de construir allí un teatro, donaron sus participaciones a la asociación. El 27 de marzo de 1864 se bendijo el solar y el sitio que ocuparía la capilla, colocándose la primera piedra. Ofició en el acto el Obispo de Puerto Rico, Fran Pablo Benigno Carrión de Málaga, quien a la sazón se encontraba en Ponce en visita pastoral.

El 25 de marzo de 1866 se inauguró el primer modesto edificio de una sola planta, con cabida para catorce camas, que estuvo en uso hasta el 5 de mayo de 1973. Su costo fue de 10,769.71 pesos y consistía de una pequeña sala de recibo, una pequeña capilla, cuarto de consulta y dos salones, una para mujeres y el otro para hombres con siete camas cada uno. En 1891 se amplió la sala de mujeres para alojar cuatro religiosas Siervas de María que empezaron a ejercer su apostolado en abril de ese mismo año. En 1895 se construyó un salón para doce religiosas y se reafirmó y acondicionó la sala de mujeres. Los primeros miembros de su Facultad fueron los doctores Rafael Pujals, Angel Aguerrebere, Iglesias, Colman, Juan Sullivan, Redondo, los farmacéuticos señores Pedro Garriga, José ENA, Pederico Más y Noguera y el practicante o cirujano menor Sr. Andrés Príncipe.

Para establecer el contraste de las condiciones imperantes en la época de la fundación del Hospital y el Ponce actual, conviene mencionar que el Municipio de Ponce, incluyendo sus zonas urbanas y rural, apenas tenía entonces 30,000 habitantes y que la ciudad, según la describe el historiador Don Eduardo Newman Gandía, se componía de sus dos plazas, Principal, hoy llamada Degetau que servía de plaza del mercado y Delicias, hoy Plaza Muñoz Rivera, las calles adyacentes a sus plazas, la de la Villa con dos cuadras hasta la esquina de la Torres, no urbanizada aún, la de Atocha hasta la actual Plaza del Mercado, la de la Unión hasta la esquina de la que es hoy La Victoria, no abierta aún la de la Reina con una sola cuadra hasta la Méndez Vigo, la de Isabel con dos cuadras, la de Cristina con una sola cuadra hasta el Teatro La Perla construido en 1864, la del Comercio muy poco poblada, parte de la Salud y de la Mayor, la Marina con tres cuadras hasta Jobos, la del Castillo y la Vives, la de Méndez Vigo, la del León y las calles Luna y Aurora, casi despobladas.

El reglamento del Hospital disponía que podrían asilarse pacientes pudientes para con el importe de lo que pagaran ayudar al sostenimiento de las camas para pacientes indigentes. En abril de 1875 se fijó una tarifa de dos pesetas o sea, cuarenta centavos diarios por estancia a los pacientes pudientes particulares y a los enfermos que el Municipio de Ponce enviase por su cuenta al Hospital. En 1877 no se había podido lograr que el Municipio pagase la cantidad de 40 centavos diarios que se había fijado por estancia y continuaba pagando 25 centavos diarios por los pacientes que ingresaban al Hospital por su cuenta. En 1878 el Departamento de Ingenieros de Ponce pagaba también 40 centavos diarios por los confinados del presidio que pudieran enfermarse mientras realizaban trabajos en las obras del puente que conduce de la Playa a la ciudad.

En ese mismo año 1878 se consiguió que algunas firmas comerciales de Ponce pagasen al hospital la cantidad de $4.00 mensuales por cada buque extranjero que entraba al puerto con mercancía o carga consignada para dichas firmas comerciales, a condición de que el hospital diera asistencia gratuita a aquellos miembros de las tripulaciones que se enfermaran durante la permanencia del buque en puerto. Este plan fue de corta duración pero se revivió en el 1895. En forma primitiva incluía algunos de los principios de los modernos planes pre-pagos de seguro de hospitalización actualmente en vigor, toda vez que contenía un elemento de azar o suerte, si así quisiera llamársele, o de la ley de promedio, ya que a mayor número de marineros enfermos mayor resultaba la insuficiencia de la subvención y mayor por tanto la pérdida del hospital. Por el contrario, si el número de marineros enfermeros era reducido, mayor resultaba la suficiencia de la subvención.

En 1896 contaba el hospital con 15 camas para hombres y mujeres y sólo se ocupaban de ordinario, entre pobres y pudientes, 10 ó 12 camas o sea entre un 66½% a un 80%. Encontrándose libres de 3 a 4 camas diariamente se asignaron estas al Batallón de Voluntarios, organizado en Ponce, mediante la misma tarifa que pagaban los pacientes pudientes, o sea 50 centavos diarios, incluyendo asistencia médica, alimentación, servicio y medicinas comunes, siendo extras los patentizados. En 1902 estaban aún acogidas a este plan cuatro casas comerciales de la Playa de Ponce mediante el pago de $2.40 mensuales moneda americana. También en este año se habilitó una sala para pacientes pudientes siendo la tarifa 75 centavos diarios. Los que ingresaban pagando menos o no pagando nada eran alojados en otra sala contigua. Además, se construyó ese mismo año de 1902 la primera sala de operaciones con dos habitaciones anexas, una para el paciente y otra para uso del cirujano.

En 1909, por requerir el reglamento interno de la Congregación de las Siervas de María que estas no podían continuar prestando servicios como comunidades organizadas dentro de los hospitales, fueron reemplazadas por la Congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que aún continúan prestando abnegados y valiosos servicios a la institución, al igual que lo hicieron sus antecesoras.

Inspirada en los sentimientos de la caridad cristiana y en el ideal de servir a la comunidad, al correr de los años, sufriendo las naturales vicisitudes consecuencia unas veces de la carencia de recursos debido al a penuria de los tiempos y otras veces debido a la indiferencia de los hombres, fue creciendo la institución alentada en su desarrollo por la abnegación y generosidad de sus dirigentes y benefactores, que sin desfallecer en la jornada se dieron en alma y corazón a la ingente tarea de prestar los servicios de salud dentro de las limitaciones propias de tiempo y lugar. Así entramos en lo que pudiéramos llamar la segunda etapa del hospital con la inauguración en 1918 del entonces moderno edificio situado frente a la calle Concordia que estuvo hasta el 1973, junto a las primeras estructuras construidas en 1866, 1891 y 1902.

A la par que nuestro hospital expandía con grandes esfuerzos su capacidad de servicios dentro de las limitaciones de su planta física que ya resultaba anticuada, legó a proveer ciento 150 camas y los correspondientes servicios auxiliares. En lo que pudiéramos llamar su tercera etapa continuó creciendo en otras áreas inherentes a su naturaleza. Entre ellas la departamentalización y reglamentación de su Facultad Médica y de Hospitales de Estados Unidos lograda en el 1952, el inicio desde entonces de varios programas educativos médicos y paramédicos, como el entrenamiento de médicos internos, residencia en las especialidades de anestesiología y cirugía, entrenamiento de enfermeras anestesistas, afiliaciones con el Departamento de Instrucción para la práctica clínica en los cursos de enfermería práctica de la Escuela Vocacional y con la Universidad Católica de Puerto Rico para la práctica clínica de enfermeras especializadas en los servicios de Unidad de Cuidado Coronario.

Acuciados por las tremendas limitaciones y deficiencias de nuestra anticuada planta física y conscientes de la imperiosa necesidad de ampliar las facilidades de salud que la expansión industrial y comercial y en su consecuencia el crecimiento poblacional de Ponce y de la región sur requerían, nuestra Junta de Directores se dio a la ardua tarea de planificar la construcción de nuevas facilidades de planta física, y proveer nuevos servicios y programas para mejor atender las necesidades de salud de nuestro pueblo.

Nuestra Historia